Rubén Cousillas, más que un segundo entrenador 

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Todos los focos en los banquillos del Real Betis apuntan directamente a Manuel Pellegrini Ripamonti, protagonismo que se ha ganado desde el primer día de su llegada a Heliópolis. El técnico chileno tiene enamorada a la afición bética con su inapelable exigencia, la resignación no es un término amigo del ingeniero. Con un marcado estilo de juego, destacable por su buen trato de balón en lances de posesión y una intensidad continua en la presión al dominio del rival, Pellegrini se sitúa como el entrenador más ganador de la historia del Real Betis.

Pero, ¿qué sería del de Santiago sin su socio incondicional? El acompañante en sus centenares de viajes, confidente de sus locuras y esa mano derecha que llama a la cordura en los momentos de verdadera relevancia. Más aún, cuando lleva al lado suya la friolera cifra de doce años. El protagonista de este titular no es otro que Rubén Cousillas, argentino de nacimiento y exfutbolista de profesión, defendió las porterías del balompié sudamericano en los países de Argentina, quién lo vio debutar en San Lorenzo de Almagro, Colombia y Chile.

Fue justamente como asistente en el club de su debut donde conoció a Pellegrini, el chileno sustituía a Óscar Ruggeri. Desde ahí y hasta ahora, ha protagonizado un camino mayoritariamente exitoso por Argentina, Inglaterra y España. Es difícil asimilar una instantánea del chileno en el banquillo sin su escolta argentino, sin ese torbellino de emociones interminable durante los 90 minutos del partido.

Los béticos han descubierto en este bienio de Pellegrini-Cousillas una forma diferente de vivir el fútbol, especialmente desde el punto de vista del segundo entrenador, con una pasión infinita que se mantiene intacta después de la gran cantidad de temporadas y de experiencias en la élite profesional. Su devoción por la Hermandad de la Macarena se manifiesta en los partidos, donde no se separa de las imágenes plastificadas de los titulares. Un amuleto que, sin duda, los béticos seguirán queriendo ver en el banquillo del Villamarín.

Otro de los rituales del oriundo de Roque Pérez, conocido ya de sobra por la afición bética, es el famoso “kiricocho” empleado como mano negra para tumbar las ocasiones claras del rival. Y lo curioso es que Rubén lo utilizó en la eliminatoria copera contra la Real Sociedad para la inmejorable ocasión del sueco Isak, que acabó sacando milagrosamente Rui Silva. Además, fue Joan Capdevila quién reconocía que, en la famosa y providencial parada de Casillas a Robben en la final del mundial, gritaba la famosa expresión aprendida del argentino en su etapa en el Villarreal.

La última de Rubén tuvo lugar el día de la actual convocatoria de Luis Enrique para el combinado nacional, donde sorprendía y no precisamente por merecimiento, la presencia del delantero verdiblanco, Borja Iglesias. Tras la noticia, en el entrenamiento, se puede oír cómo el segundo de Pellegrini le grita al delantero gallego literalmente: “Ahora a celebrarlo con dos goles frente al Girona”. El resto, es historia.

Por todo ello, más que un asistente, Rubén Cousillas se ha convertido en una figura especial para los aficionados béticos, un ser inspirador que enaltece el banquillo del Real Betis.

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