El Atlético castiga sin piedad las carencias del Betis

El duelo del Real Betis frente al Atlético deja un poso difícil de digerir. Tras un analisis en frío, el diagnóstico es demoledor: el equipo fue superado de principio a fin y transmitió una sensación de fragilidad impropia de un conjunto que aspira a competir en la zona alta. No fue una derrota puntual ni un mal día aislado; fue la exposición de problemas que llevan demasiado tiempo sin corregirse.

La imagen sin balón volvió a ser preocupante. La presión llegó tarde y mal, las ayudas no aparecieron y las basculaciones fueron lentas. Ante un rival con claridad y oficio, el Real Betis quedó desnudado.

El Atlético de Madrid jugó con la comodidad de quien se mide a un equipo previsible, sin mordiente ni capacidad para incomodar. Hubo fases que parecieron un ejercicio de entrenamiento, con líneas verdes desordenadas y espacios que se abrían sin oposición.

En defensa, los errores se repiten como un eco antiguo. Especialmente sangrante resulta lo que ocurre a balón parado. Falta de atención, mala colocación y escasa contundencia en acciones que se trabajan semana tras semana.Cuesta entender que, con el tiempo transcurrido, el equipo siga fallando en los mismos conceptos básicos. No es cuestión de nombres, sino de hábitos que no terminan de asentarse.

También hubo decisiones que llamaron la atención. El planteamiento para frenar a jugadores determinantes del rival fue insuficiente. La ausencia de marcajes más agresivos permitió que recibieran con demasiada libertad, algo imperdonable en partidos de este nivel. Cuando se concede tanto margen, el castigo suele ser inmediato.

Los cambios, con el marcador ya roto, apenas alteraron el guión. Con una desventaja amplia, cualquier ajuste pierde impacto y se convierte en un gesto más simbólico que efectivo. Ahí ya no se decide el partido, solo se espera el final.

Conviene, eso sí, separar el análisis en frío del ruido posterior. El tropiezo fue severo y todo salió mal, pero no invita a decisiones drásticas tomadas en caliente. Manuel Pellegrini sigue siendo una figura capital en el proyecto, aunque el debate sobre la evolución del equipo es legítimo. Señalar carencias no implica pedir cabezas; implica exigir soluciones.

Este partido debe servir como punto de inflexión. Mirar al mercado o a nombres concretos puede ser tentador, pero la prioridad está en ajustar mecanismos, recuperar intensidad y corregir errores estructurales. Porque si no se cambia lo que se viene repitiendo, el riesgo es que la historia vuelva a escribirse igual la próxima jornada.

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