Sin Amrabat y con Abde al frente, Marruecos sigue viva

Marruecos cumplió con el objetivo, aunque no sin sufrimiento. La victoria por la mínima ante Tanzania en el partido disputado ayer en la Copa de África permitió a los Leones del Atlas avanzar hacia los cuartos del final del torneo.

Fue un encuentro espeso, trabado por momentos y con pocas concesiones del rival. En ese contexto, los dos nombres ligados al conjunto bético tuvieron roles muy distintos: Abde Ezzalzouli fue protagonista durante los 90 minutos, mientras que Sofyan Amrabat vivió el choque desde el banquillo, sin llegar a participar.

La ausencia de Amrabat sobre el césped no pasó desapercibida. El centrocampista, habitual termómetro del equipo marroquí en los últimos años, no entró en los planes del seleccionador en el día de ayer. Ya fuera por una decisión técnica o por precaución física, su papel quedó reducido a la labor de apoyo y liderazgo desde fuera.

Marruecos, sin su ancla habitual, apostó por un centro del campo más dinámico, con mayor movilidad, aunque también algo menos de control en determinados tramos del encuentro. Hubo fases en las que el equipo echó en falta esa pausa y ese orden que suele imponer Amrabat cuando el partido se enreda.

En contraste, Abde Ezzalzouli fue uno de los futbolistas más activos del ataque marroquí. El extremo disputó los 90 minutos y asumió galones en un partido que exigía desborde, atrevimiento y personalidad.

Desde el inicio, Abde buscó encarar, romper líneas y generar superioridades por banda, especialmente cuando el conjunto de Walid Regragui se encontraba atascado ante el orden defensivo de Tanzania. No siempre acertó en la toma de decisiones, pero su insistencia fue clave para mantener viva la amenaza ofensiva.

El jugador del Betis ofreció amplitud y profundidad, obligando a la defensa rival a estar constantemente pendiente de sus movimientos. En un partido con pocas ocasiones claras, Abde fue uno de los que más lo intentó. Su presencia permitió que otros futbolistas ofensivos encontraran espacios en zonas interiores, algo fundamental para que Marruecos pudiera inclinar el campo a su favor.

Más allá de las acciones, el encuentro de Abde dejó una lectura positiva: madurez competitiva. Jugó todo el partido sin perder intensidad, ayudó en tareas defensivas cuando el equipo lo necesitó y no se escondió en los momentos de mayor tensión. En torneos como la Copa de África, donde los partidos se deciden muchas veces por detalles, ese tipo de actitud marca diferencias.

Marruecos acabó sacando adelante un partido incómodo, consciente de que no siempre se puede brillar. Mientras Amrabat aguardó su oportunidad desde el banquillo, seguramente con la vista puesta en encuentros de mayor exigencia, Abde aprovechó su protagonismo para reafirmarse como una pieza importante del presente y del futuro de la selección. Dos roles distintos, pero igualmente significativos en el camino de Marruecos en esta Copa de África.

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