Opinión| Séptimos

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Séptimos.

Empiezo por la posición en la tabla porque un optimista irredento como yo no soporta la constante negatividad del bético. Séptimos. Sí, con dos bemoles. Con la plaga de lesiones más tremenda que le recuerdo al Betis, en un año entendido como de transición y cambios profundos en la plantilla, con una serie de decisiones cuestionables a nivel deportivo a la espalda, y con una corriente mediática que ha estado todo el año trabajando en pos de que el Betis cayera en una mala racha, malísima, de resultados como esta.

Séptimos. Sí, con la sexta alejada a siete puntos quedando 24 por disputarse. Con el Valencia apretando por detrás a uno y con un partido menos. Séptimos, con el míster empeñado en poner a los cuatro fantásticos juntos (Isco, Nabil, Ayoze, Fornals) aunque solo uno de ellos, acaparador de emeuvepés, esté demostrando gran nivel. Séptimos, y a rezar para que el Mallorca no haga la gracieta de derrotar al Athletic de Bilbao en la final de Copa, aunque mi corazón, con tendencia a apoyar al “débil”, me pida ir con el equipo del mexicano Javier Aguirre.

Séptimos, a pesar de no haber tenido nunca, esta temporada, un juego excelso, bien por la baja forma de algunos jugadores, bien por la llegada de nuevos futbollistas de un perfil distinto que necesitan adaptación, bien por la pertinaz cabezonería de Manuel Pellegrini en algunas cuestiones relacionadas con el juego. Séptimos, a pesar de una gestión en el mercado invernal en la línea de delanteros que ha sido un tiro en el pie (al menos, a día de hoy).

¿Hay motivos para el pesimismo? Seguro. Casi siempre los hay. Es lo que tiene el pesimismo, solo necesita tiempo para llevar la razón, porque, como las leyes de Murphy, al final las cosas malas, pasan. Más pronto o más tarde. En este caso, las cuatro derrotas consecutivas del equipo verdiblanco (hito negativo del Betis de Pellegrini) y cierta falta de juego, dan pie a creer en esa visión pesimista del futuro.

¿A favor? Que el Betis es históricamente ciclotímico, ambivalente y contradictorio. La prueba directa e irrefutable la tenemos en esta mala racha, que llega justo después de una victoria incontestable e inapelable contra el Athletic de Bilbao, en un muy buen partido. En ese momento, todo hacía creer en un final de temporada potente, y sin embargo, lo que han llegado han sido las cuatro derrotas consecutivas. Así que, no es nada absurdo pensar que, igual que caímos cuando mejor habíamos estado, nos podemos levantar ahora que estamos peor que – casi – nunca con el chileno a los mandos. También tenemos a favor que el siguiente partido es en casa contra un Celta que, si bien es un equipo que suele hacernos daño, es un rival bizcochable al que, con el apoyo incondicional de la grada del Villamarín, deberíamos ganar. Con problemas o sin ellos, pero ganar. Por lo civil o por lo criminal, como decía Luís Aragonés, pero ganar.

Otro motivo para el optimismo es el juego. En contra de las visiones resultaditas, creo que el único partido que se jugó mal de verdad fue el de Vallecas, luego se hizo un papel digno en el Wanda y las derrotas ante Villareal y Girona me parecen injustas a todas luces. Y esto, siendo dos muy buenos equipos, me parece reseñable. Por otro lado, el saber que Isco está de vuelta y que Willian José tiene el punto de mira bien calibrado, también son buenas noticias… aunque, por contra, parece que la fiabilidad defensiva que se había mostrado toda la temporada se ha diluido…

Séptimos. Seguro que querríamos estar más arriba. Seguro. Y seguro que otros equipos querrían estar en nuestra situación.

Séptimos. Con 24 puntos en juego y algunos duelos directos.

Toca apretar los dientes, unirse en pos del único objetivo viable y realista ahora mismo (sin renunciar a posibles sorpresas, eso nunca), conservar esta plaza y entrar en Conference League con ayuda de los vascos. Es lo que toca. No hay más.

Betis, Betis, Betis… todos a una. Como en Fuenteovejuna. Desempolvemos el manquepierda y saquemos lo mejor de nosotros a la hora de animar.

PD: Y por Dios, déjense de homenajes durante el partido a quién intentó, primero, quedarse el Betis en propiedad de forma fraudulenta, y segundo, destruirlo porque, si no era suyo, no sería de nadie.

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