Opinión| Crítica y toxicidad

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Vaya por delante que no dudo, ni por un instante, que el bético de a pie tenga el derecho de quejarse de cualquier cosa que vea mal en el Real Betis. Y comprendo, pese a que mi reacción natural sea distinta, que muchos se enfaden y expresen ese enfado cuando el equipo no da la talla. Sin embargo, creo que sería bueno para todos que comprendiéramos que, si bien la libertad de expresión es un derecho inalienable, ejercerla de manera inteligente y positiva sirve para mucho más que usarla como desahogo. En el fondo, hablamos de la manida historia de utilizar la crítica para ayudar o para hundir.

En estos días leemos muchísimas críticas absolutamente desmedidas y tóxicas, criticas que no pienso reproducir por sentido del decoro. La gran mayoría de ellas se centran en un jugador, como suele ocurrir siempre que el aficionado se enfada y elige un cabeza de turco, nos referimos a Borja Iglesias, un jugador que tras un mal año con Rubi, explotó el siguiente con Manuel Pellegrini y ha sido vital para lograr dos clasificaciones consecutivas para Europa League y una Copa del Rey en cuya final, para más inri, fue elegido MVP. En fútbol, la memoria es cortoplacista, y no pasa nada porque sea así, pero resulta injusto para sus actores. Es verdad que Borja, tras haber realizado una muy buena primera vuelta, lleva de capa caída unas jornadas, pero sus goles siguen siendo vitales, hasta el punto de que está en el top 5 de delanteros europeos que más puntos ha dado a su equipo, con 15, y está peleando el Zarra con jugadores como Juanlu o Aspas. Es bueno siempre mantener la perspectiva de las cosas. Borja no está atravesando su mejor momento, y es lícito decirlo e incluso se puede criticar su mal juego, pero es bueno tener siempre en mente que la única crítica que ayuda y aporta es la crítica constructiva.

El delantero del Real Betis sufre desde su llegada una persecución mediática de mediocres como Javier León, que nunca le reconoció los méritos realizados en estos años. No hace falta ser un genio para ver cómo en momentos de bajón, este opinador iba a lanzar su toxicidad para conseguir la profecía autocumplida que busca desde el principio. Todo en una búsqueda de crear un caldo de cultivo nocivo para los intereses del que dice que es su club.

El domingo pasado tuvimos que leer un triste hilo del nueve bético hablando de esas críticas que se le hacen en redes. “Estos días he recibido muchísimos mensajes. Algunos de los que duele leer. Intento reflexionar cada día con lo que hago bien y mal. Me duele que se dude de mi compromiso y de mi valía.” Por un motivo que no logro comprender, mucha gente parece creer que los jugadores de fútbol son máquinas insensibilizadas por el dinero que llena sus cuentas corrientes, que no tienen sentimientos ni valores. Que cuando juegan mal lo hacen queriendo o por falta de motivación o compromiso. Es un simplismo peligroso. Y sobre todo injusto. Como bético, me duele personalmente que un jugador de mi equipo hable en estos términos, porque si de algo me siento orgulloso como aficionado es de que la hinchada verdiblanca es la más colaborativa del mundo. O lo era.

No entiendo que se dude de la profesionalidad e implicación de un jugador y una plantilla que lleva dos años y medio dando unos niveles competitivos notables. No lo entiendo. Lo intento, pero no llego. Desde estas líneas en Informa Betis y en mi propio perfil de twitter he comentado muchas  veces que el equipo no juega con la brillantez del año pasado, creo que es obvio y desde el principio de liga, pero no es menos obvio que hay motivos fundados para no dudar de esta plantilla. Se puede jugar mal, se pueden tener malos momentos en un partido, porque esto es deporte y el equipo contrario también juega, pero jamás he visto al equipo sin ganas y, lo más importante, jamás lo he visto tirando la toalla.

Cualquier manual de crítica constructiva te habla de realizar dicha crítica de forma respetuosa, sin insultos, menosprecios o mofas. Cuando incurrimos en esto, nuestra crítica no suma, sino que resta. Provoca lo contrario de lo que pretendemos conseguir, sensación de injusticia, desidia, enfado… En realidad, y para ser honesto del todo, en mi opinión la única crítica que aporta en fútbol es la autocrítica, es decir, la que se hace dentro del vestuario, la de los jugadores y el míster. La de los aficionados, aporta poco. Debemos entender que podemos tener derecho a hacer crítica sobre el juego del equipo, pero no a tomarla con nadie. Si queremos desahogarnos, lo mejor es apuntarse a kick boxing.

Tenemos el problema añadido de que hemos interiorizado la crítica destructiva por culpa de una labor periodística absurda y lamentable desde hace muchos años. Han hecho que parezca normal ser tóxicos, e incluso vemos como algunos encuentran espacios patrocinados sin tener la más mínima formación y dependiendo únicamente de su capacidad de crear y lanzar toxicidad. Debemos luchar contra esa tendencia, por normalizada que esté y común que sea. Debemos intentar ser siempre mejores personas, y eso redundará siempre para bien en nuestro apoyo al Real Betis Balompié.

Nunca, jamás en la vida ser pesimista ayudó a conseguir nada. Nunca, jamás en la vida insultar o faltar a uno de tus jugadores hizo que mejorara. Todos buscamos el mismo objetivo, ganar, poner al Betis en lo más alto, y la mejor manera es remar en la misma dirección del equipo. #JuntosAnteTodoLoQueVenga, como dijo Sergio Canales.

Empecemos ya mismo, demos la campanada en el Camp Nou. Juntos. 

Foto vía: Real Betis Balompié

2 COMENTARIOS

  1. Gran artículo donde expones con claridad meridiana lo que significa una crítica y cómo se debe hacer. Me parece magnífico la alusión a los más tóxicos en el espectro bético, desde el no bético León, pasando por los niños rata y cómo no la #biriprensa

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