El Real Betis afronta una de esas noches que pueden marcar el rumbo de toda una temporada. En pleno ambiente festivo, pero con la presión deportiva al máximo, los verdiblancos visitan al Girona FC este martes en Montilivi (21:30h) con una obligación clara: reaccionar.
El equipo de Manuel Pellegrini llega tocado. Siete jornadas sin ganar en Liga pesan demasiado, pero más aún el golpe sufrido hace apenas unos días en La Cartuja frente al Sporting de Braga. Aquel 2-4 dejó heridas profundas, sobre todo por cómo se produjo: de un 3-0 que parecía encarrilar la noche a un desenlace caótico que desató dudas y frustración.
La mejor medicina, como suele ocurrir en el fútbol, es volver a ganar. Y el Betis sabe que no puede esperar más. La quinta plaza que ocupa actualmente es un tesoro que debe proteger. A día de hoy, es la única que garantiza jugar la Europa League, aunque todavía mantiene opciones —remotas, pero reales— de convertirse en billete hacia la Champions.
Sin embargo, la ventaja se ha reducido. Rivales como el Celta o la Real Sociedad aprietan, y otros como el Getafe amenazan con fuerza en el tramo final. Lo que hace unas semanas parecía un colchón cómodo se ha convertido en una pelea abierta.
Montilivi, eso sí, trae buenos recuerdos. El Betis ha ganado en cuatro de sus cinco visitas como equipo de Primera, un dato que invita al optimismo en medio de la tormenta. Pero las estadísticas no juegan, y el momento actual exige algo más que antecedentes favorables.
Para este encuentro, Pellegrini recupera piezas importantes. Giovani Lo Celso apunta a la titularidad, mientras que Isco podría volver a tener minutos tras una temporada marcada por las lesiones. Su talento se antoja clave para dar claridad a un equipo que ha perdido chispa en los últimos meses.
No estarán, en cambio, jugadores importantes como Antony, sancionado, ni otros nombres habituales como Llorente, Junior o Ángel Ortiz. Sí regresa Natan, lo que alivia una defensa que también ha sufrido en los últimos compromisos.
Enfrente estará un Girona que, pese a sus propias dificultades, sigue siendo un rival incómodo. El conjunto de Míchel recupera efectivos en defensa y el centro del campo, pero llega con bajas sensibles en ataque, lo que podría cambiar su planteamiento habitual.
Sin referentes claros arriba, todo apunta a un juego más dinámico, con movilidad entre líneas y menos presencia fija en el área. Ahí aparece la figura de Echeverri como posible líder ofensivo, mientras que el veterano Stuani esperará su oportunidad desde el banquillo.
El contexto es claro: el Betis necesita dar un golpe sobre la mesa. No solo para sumar tres puntos, sino para recuperar sensaciones, confianza y, sobre todo, el control de su destino en la recta final del campeonato. Porque en juego no está solo Europa, sino la ambición de seguir creciendo.






