Martín Montoya ha vuelto a casa. No con una camiseta puesta ni con un contrato bajo el brazo, sino con algo igual de poderoso: la memoria. La imagen junto a Marc Bartra, en un ambiente relajado y cómplice, es mucho más que una visita entre amigos. Es un viaje directo al origen de una etapa que cambió el rumbo del Real Betis Balompié.
Porque Montoya no fue un fichaje más. Fue el primero de la era Manuel Pellegrini. El punto de partida. El primer “sí” de un proyecto que, en aquel verano cargado de dudas, empezó casi en silencio. A su llegada le siguieron Víctor Ruiz, Claudio Bravo y Juan Miranda. Cuatro nombres. Cuatro refuerzos. Poco ruido y muchísimas cejas levantadas.
El contexto no invitaba al optimismo desbordado. El Betis había cerrado la temporada apenas dos meses antes con 41 puntos, lejos de los puestos europeos y con la sensación de necesitar algo más que retoques. Pellegrini aterrizaba con su habitual serenidad, consciente de que no se trataba de revolucionar, sino de ordenar, creer y competir.
Montoya representaba exactamente eso. Experiencia, sobriedad, conocimiento del juego y cero estridencias. No venía a prometer titulares, sino rendimiento. Y así empezó a construirse el Betis de Manuel Pellegrini: con piezas reconocibles, perfiles claros y una idea muy definida.
Víctor Ruiz aportó jerarquía y salida limpia desde atrás. Bravo, liderazgo y calma bajo palos. Miranda, juventud y proyección. Y, por encima de todos, Pellegrini ensambló un grupo que empezó a creer en sí mismo casi sin darse cuenta. Jornada a jornada, el equipo creció. Compitió. Se hizo sólido. Y cuando quiso mirar la clasificación, estaba peleando por Europa.
El final ya lo conoce el beticismo: clasificaciones europeas, sensación de equipo serio y el nacimiento de una etapa ilusionante que aún hoy sigue dando frutos. Todo con una base humilde, trabajada y coherente.
Por eso la visita de Montoya no es casual ni anecdótica. Es simbólica. Es el reencuentro con aquellos cimientos que sostuvieron un proyecto ganador. La foto con Bartra transmite cercanía, respeto y una historia compartida que va más allá del verde.
A veces el fútbol avanza tan rápido que se olvida de mirar atrás. Pero hay días —y fotos— que sirven para recordar que todo empezó con decisiones valientes, fichajes discretos y un entrenador que supo ver lo que otros no. Y en ese primer capítulo, Martín Montoya siempre tendrá un lugar especial.

