El patrón Pellegrini: Betis y Villarreal como un espejo

Hay entrenadores que dejan huella por los títulos. Otros, por el estilo. Manuel Pellegrini pertenece a ese grupo más difícil de encasillar: el de los técnicos que construyen proyectos sólidos, reconocibles y, sobre todo, sostenibles en el tiempo. Sus números al frente del Villarreal y del Real Betis Balompié no solo invitan a la comparación, sino que dibujan una curiosa simetría que habla muy bien de su método.

En el Villarreal, Pellegrini dirigió 259 partidos oficiales. Ganó 123, lo que supone un 47% de victorias, empató 72 encuentros y perdió 64, un 25% del total. Años después, en el Betis, el técnico chileno ha superado ya esa cifra, con 285 partidos dirigidos.

El balance es sorprendentemente similar: 135 triunfos (también un 47%), 78 empates y 72 derrotas, de nuevo un 25% de partidos perdidos. Dos contextos distintos, dos clubes con historias y presiones diferentes, pero una misma línea de trabajo.

Esta coincidencia no es casualidad. En Villarreal, Pellegrini elevó al club a una dimensión europea inédita hasta entonces. No ganó títulos, pero sí algo igual de valioso: estabilidad, identidad y competitividad continua. El “Submarino Amarillo” se convirtió en un equipo respetado dentro y fuera de España, capaz de mirar de tú a tú a los grandes gracias a un fútbol reconocible y valiente.

En el Betis, el camino ha sido muy parecido. Llegó a un club acostumbrado a la montaña rusa, a alternar ilusiones con decepciones. Poco a poco, fue asentando una idea clara de juego, devolviendo al equipo a Europa de forma habitual y culminando el proyecto con un título, la Copa del Rey, algo que en Sevilla no se olvida fácilmente. Pero más allá del trofeo, Pellegrini ha logrado que competir en tres torneos no sea una excepción, sino una costumbre.

Los números reflejan esa regularidad. Un 47% de victorias en casi 300 partidos no habla de picos de rendimiento, sino de constancia. El bajo porcentaje de derrotas refuerza la idea de equipos difíciles de superar, incluso en temporadas irregulares o con plantillas limitadas en comparación con otros gigantes de LaLiga.

Por eso, comparar al Pellegrini del Villarreal con el del Betis no es un ejercicio de nostalgia, sino de coherencia. Son dos etapas separadas por años, por ligas y por contextos, pero unidas por la misma filosofía. Manuel Pellegrini no promete revoluciones rápidas; ofrece algo más complejo y valioso: tiempo, trabajo y resultados que, partido a partido, terminan pareciéndose como dos gotas de agua.

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