Opinión| Te prometí sufrir contigo antes que ganar con otros

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El 6 de octubre el Real Betis Balompié jugaba partido de la fase de grupos de la Europa League en el Olímpico de Roma y como consecuencia de ello se produjo un desplazamiento masivo por parte de la afición del Betis a la Ciudad Eterna. Más de 5.000 béticos invadieron la capital italiana durante varios días para acompañar a su equipo en una fecha tan importante. Un desplazamiento que por todas las similitudes existentes recordó mucho al que tuvo lugar en Milán hace ahora 4 años. Y es que la afición del Betis, afortunadamente, se está empezando a acostumbrar a recorrer el viejo continente europeo de la mano de su equipo. Pasear el día 6 de octubre por los lugares más emblemáticos de Roma y toparse con camisetas del Betis a cada paso que uno daba fue una experiencia única y creo que difícil de olvidar para los que estuvimos allí.

Pese a que pueda resultar paradójico, precisamente la buena senda de triunfos que está atravesando el Betis y su afición de un tiempo a esta parte ha provocado que eche la vista atrás estos últimos días. Soy de los que piensa que cuando los objetivos se consiguen es sano e incluso necesario recordar de dónde viene uno y reflexionar acerca de todo el camino recorrido hasta llegar a donde uno está.

Al hacer ese ejercicio de memoria y recordar todos las decepciones y tristezas por las que desafortunadamente la afición del Betis ha tenido que pasar durante todos estos años, el sentimiento que más me invade es el del orgullo. Y con mayúsculas.

Siento verdadero orgullo por pertenecer a una afición que batió el récord de socios en Segunda división superando a la inmensa mayoría de clubs que jugaban en Primera, orgullo por formar parte de una afición que no dejó de acompañar al equipo masivamente por ciudades como Sabadell, Lugo, Salamanca, Huelva, Gijón, Palamós o Gerona y orgullo por compartir pasión con una afición que tuvo la valentía y el coraje de salir a calle en masa el 15 de junio de 2009 para echar a unos dirigentes que lo estaban arruinando. En definitiva, orgullo por pertenecer a una afición que siempre ha estado ahí.

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Pese a las demasiadas temporadas de mediocridad absoluta tanto en lo deportivo (descensos, permanencias agónicas, eliminaciones dolorosas, etc.) como en lo institucional (judicialización del club, concurso de acreedores, etc.) el bético hizo de tripas corazón y se mantuvo fiel, no a los jugadores o dirigentes de turno, sino a un escudo y a unos colores. Jamás dejó que este sentimiento muriera. Esta fidelidad iba más allá de lo puramente futbolístico. El bético mantuvo de pie al Betis porque el Betis forma parte de su vida y dejarlo desfallecer hubiese sido dejar morir una parte de ellos mismos.

“Te prometí que prefería sufrir contigo a ganar con otros”. Así rezaba una de las pancartas que sacó la afición en el Benito Villamarín en alguno de aquellos años de penuria y tristeza. Una frase que resume a la perfección lo que siente el bético con respecto al Betis. Por supuesto que el bético quiere ganar. Pero antes que ganar con otros, prefieren perder con el Betis.

Por todo lo vivido, por todo lo soportado, por todo lo luchado y por todo lo llorado, el bético debe disfrutar de la situación actual del club como nadie. Debemos valorar todos los días todo lo bueno que estamos viviendo porque no hay nadie que lo merezca más que nosotros y porque todos formamos parte de esto.

No quería acabar este texto sin agradecer por escrito a mi abuelo Pepe por hacerme el mejor regalo que nadie jamás me ha hecho: inculcarme esta pasión llamada Betis cuando era un niño.

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